El sol entraba por la ventana en forma de fino hilo de luz tenue Don Nadie se despertó. Sonrió al girar la cabeza, y ver lo que había estado sintiendo mientras dormía Ella estaba tumbada a su lado, la acarició el pelo, la besó la frente y la miró . Podría haber hecho ese sencillo gesto todo el tiempo del mundo sin pestañear si quiera, Ella se movió dulcemente y se despertó, le miró, se acercó, le dió un beso y sonrió. Y en ese momento, todo era perfecto. Tenía una de esas sonrisas que te hacen sonreír sólo con verla y así lo hizo Don Nadie. Nunca supo por qué era todo tan perfecto, sus paseos, sus abrazos, sus besos, sus despedidas, sus discursiones, sus te quieros, sus besos en definitiva. Porque todo se reducía a eso, al breve instante en que sus labios se juntaban y casi podían escuchar los pensamientos del otro.
Ella volvió a tumbarse, antes de dormirse Don Nadie la besó y, antes de dormirse, miró el rayo de sol. Sonrió
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