miércoles, 28 de diciembre de 2011

Don Nadie, Viernes 21 de Octubre

Viernes 21 de Octubre, en el barrio de una ciudad cualquiera, el paisaje como es de esperar se entremezclaba, dando un tapiz de marrones y naranjas  En un piso que podríamos describir como húmedo y claustrofóbico comienza esta historia. Ubicado en un bloque de pisos cuya antigüedad era desconocida para el alquilado pero que imaginaba datar de la época en la que los televisores eran en blanco y negro.

El alquilado Don Nadie, vestía una camisa a cuadros verde y marrón, una camiseta gris y un pantalón vaquero, llevaba barba recortada y el pelo largo,  estaba sentado frente al televisor en el mugriento sofá del piso, el sofá tenía una curiosa mancha que se encontraba desde antes de que el alquilado tomara el piso. Éste cambiaba de canal a menudo, no le gustaba aguantar toda la basura que salía en la televisión, para ser sinceros no le gustaba aguantar nada, ni el aburrimiento, ni la monotonía, ni el fútbol,  ni un sábado sobrio, ni un domingo de resaca, y desde pequeño le asustaba la oscuridad, pero algo que le asustaba más, era la soledad.

Se levantó del sofá y fue al baño, hizo lo que tenía que hacer, se lavó  las manos y fue a su habitación, puso algo de música y se hizo un porro, un hábito que tenía desde que su padre murió en un accidente de coche. Se le fumó y en el preciso instante en que notaba cómo el colocón iba en aumento sonó en su equipo de estéreo Roadhouse Blues un clásico de The Doors, el edén se aproximaba poco a poco. Se tumbó en la cama y se durmió.